ADIOS PAPA

Posted on 2011/04/04. Filed under: Información propia | Etiquetas: , |


Decías, la última vez que te vi, que no querías retirarte; que no sabrías que hacer con tanto tiempo, después de haberle dedicado tanto a trabajar. Yo te intentaba convencer de lo contrario…y ganaste ¡Ya no sabrás lo que es el retiro!

De ti aprendí a dedicarme de alma y cuerpo al trabajo, pero no a trabajar sino a mejorar en mi trabajo, a optimizarme siempre, ha hacerlo mejor cada día. Puede ser que tuviera una imagen falsa de cómo trabajabas, como me dijiste. Que no era tanto como yo me imaginaba, pero me sirvió de modo ejemplarizante. Soy ejemplo de tu cabezonería en el trabajo.

Me sorprendía la capacidad que tenías de adaptarte a cualquier circunstancia; una red rota, un barco distinto, una nueva empresa,…

Sí, tenías también tus defectos ¿y quien no los tiene? Tendías a escaparte de los problemas cuando te superaban. Probablemente eso fue lo que nos llevó a la ruina cuando compramos el barco, el desentenderte de lo que descononcías. Pero toda la Vida no deja de ponernos constantemente a prueba, y esa fue una prueba más.

También aprendí de todo el cariño que me dabas cuando llegabas a tierra. Hecho de menos ir a esperarte a la Ribera de Vigo, fuera de madrugada, mañana o tarde. Ver aquella pequeña luz que venía por las Islas Cies y que se acercaba muy lentamente, tan lenta como el tiempo que esperabamos. El ver como atracabas el barco muchas veces de forma temeraria, como si fuera un coche. Ver el nerviosismo del armador que perseguía el barco con una defensa pensando que se lo ibas a dañar. Tus ordenes enérgicas “¡Firme ahí!”, “¡Qué hostias fas!”. Me desesperaba esperar a que terminases para poder darte un beso.

El olor del barco, el olor de tu ropa en el petate, el olor a pescado del quiñon. Más de una vez lo busqué por el puerto; me imagino que era olor a gasoil pero era especial, era nuestro olor.

Cada vez que llegabas nos contabas historias que te pasaban en el barco, normalmente con el cocinero, chistes, y nos las contabas en el coche, de camino a casa

Me encantaba que me vinieses a arropar. Cuando amagabas hacerme cosquillas en la litera de la casa de Travesía, y yo me meaba de risa.

Me encantaban tus abrazos de oso; cuando me picaba tu bigote al darte un beso.

Le tenía pánico a los ojos que ponías cuando te enfadabas, con el iris pequeñito.

Me jodía demasiado que cumplieras años el 25 de Junio, un día antes de la entrega de las notas. Siempre te desilusionaba, siempre me jodía…

Me jodía que estos últimos años me tuvieras miedo, pensando en todo lo que me habías hecho. Yo tampoco te trataba muy bien, era demasiado franco pero te lo merecías. Perdóname si te jodí, pero no lo siento; creo que te venía bien.

Te acuerdas que no podíamos conducir juntos porque siempre acababamos discutiendo….y perdidos. Cada uno tenía su método para hacer el viaje. Me acuerdo también que eras muy buen copiloto, ya que hacías mucha compañía pero me dirigías muy mal. Hablabas de todo, contabas historias de Ulises, de Anibal, te enterabas de lo que pasaba en Cangas estando en Namibia.

Papa, papiño, como te quiero, macho. Espero que vengas a buscarme cuando me toque ir contigo. Te llevaré conmigo, en mi corazón.

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