SOBRETITULACIÓN EN LA ERA DE LA REALIDAD AUMENTADA.

Posted on 2012/04/14. Filed under: Información propia | Etiquetas: , , , , , , , |


 

El Observatorio Tecnológico del MECD define la Realidad Aumentada como la forma en la que definimos una visión de la realidad en la que se agregan elementos virtuales. Por ejemplo, y cito literalmente, si disponemos del software necesario y conectividad a Internet, al mirar un edificio singular de cualquier ciudad a través de nuestro móvil o smartphone, el software instalado agrega información sobre la historia, características, etc. del edificio en nuestra pantalla.

En su edición digital de 23 de julio de 2010 el diario salmón Cinco Días se hacía eco de una conferencia de Marta Rahona López, Licenciada en Economía por la Universidad Carlos III de Madrid y Doctora por la Universidad Autónoma de Madrid, la cual concluía que el 50% de los jóvenes presentaba un exceso de formación para su empleo. Curiosamente dicho fenómeno se agravaría en familias con bajo nivel socioeconómico, y se apuntaba a que los hijos de padres con niveles educativos bajos eran más propensos a experimentar sobreeducación en su primer empleo, estando más formados de lo necesario.

Decía la conferenciante que “La forma más eficaz de acceso al empleo son las influencias y los contactos familiares”, afirmación en la cual podrán verse identificados muchos de los que lean este artículo, ya sea por pura experiencia personal, o por verla reflejada en amigos o conocidos.

Así, afirmaba que las familias con progenitores con niveles de estudios avanzados acceden a su trabajo en circunstancias más ventajosas, lo que lleva a adecuar más sus características formativas a lo exigido en el puesto. El hecho de que el padre tenga estudios superiores, sea director o gerente de empresa o Administración Pública, trabaje como técnico o administrativo, o sea un trabajador cualificado, aumentaría enormemente la probabilidad de encontrar un trabajo acorde con lo estudiado.

Se exponían como motivos de este fenómeno:

a) el incremento generalizado del nivel educativo,

a) los desajustes en la estructura de las ocupaciones

c) y las distorsiones del mercado laboral, que dificultarían el acceso al empleo de los universitarios con menos contactos, devaluarían los títulos académicos, y crearían un desplazamiento general de una ingente masa de universitarios a puestos meramente administrativos, disminuyendo la ventaja relativa de los titulados.

En otras palabras, cabrían los que tendrían que caber, y en esa lucha, la meritocracia no siempre sería garantía de acceso a un buen puesto. Más bien, atendiendo a lo anterior, primaría estar bien colocado en la línea de salida nada más poner el pié fuera de la facultad. Por último, se destacaba que a mayor tiempo de búsqueda de trabajo infructuoso eran mayores los incentivos a aceptar cualquier empleo sin importar, por secundario, que el nivel educativo superase en mucho el exigible para la ocupación. Algo bastante obvio por otra parte.

A día de hoy, ese desplazamiento de jóvenes ampliamente titulados no solo se ha producido a capas de inferior cualificación sino que, lamentablemente, muchos han recalado en empleos que poco o nada tienen que ver con los estudios cursados. Dicha formación es la realidad aumentada que no figura en miles de CV que circulan por las empresas de este país. Los millones de euros, de horas, y de esfuerzo, de cientos de miles de españoles, de sus familias, y del propio Estado. Como una tragedia griega, el agudizamiento de la crisis ha llevado a que dicha capa de jóvenes ampliamente formados pero en cierta medida expulsados del edén del trabajo cualificado haya chocado de frente con el ejército de hormigas obreras procedentes, a su vez, de los restos de cemento y alicatado de lo que fue en su día el jardín de las delicias inmobiliario.

Por otra parte la alternativa del empleo público, tabla de salvación, requiere no solo de otro esfuerzo suplementario de tiempo y dinero del cual a veces no es posible disponer sino, también, de la adecuada conjunción de las variables de demanda y la cantidad de la oferta, y en los tiempos que corren, la primera es escasa y la segunda excesiva, por lo que alzarse con un empleo en la Administración es una labor aún más hercúlea de lo que era hace años. Y por si no fuera poco, la falta de garantías reales, que no formales, de imparcialidad de algunos procesos selectivos en Administraciones, amparado por la inexcrutable “discrecionalidad técnica” de algunos Tribunales Selectivos, que conocedores de su condición de intocables guían su criterio decisor más por afinidad que por pura decisión técnica, terminan por desalentar al más pintado.

Con todo, lo que queda son soluciones imaginativas y agudizar el ingenio para aprovechar las escasas olas que llegan a la orilla, intentando que al final la tabla se mantenga a flote y remonte. El autoempleo, o bien optar a sortear la situación en el extranjero para una vuelta incierta. Siempre adelante.

SNV

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